¿El altavoz de tu cabeza lo tiene la culpa?

culpa y duelo migratorio

¿Desde qué versión tuya estás pensando tu proceso migratorio?

Hay preguntas que abren y preguntas que encierran, asfixian, atrapan.

El problema no es preguntarse, es desde qué lugar emocional respondemos.

Porque, en realidad, en el principio, siempre estuvo la pregunta.

¿Qué pasa si me animo a irme?

¿Qué pasa si todo esto que estoy soñando, que quiero cambiar, lo hago en otro lado?

¿Y si me doy la oportunidad?

Las preguntas que nos animaron a desafiarnos, a pensar un poco más allá de lo que estábamos haciendo, de quiénes somos.

Lo repetimos hasta el cansancio: el proceso migratorio es una montaña rusa emocional. Tiene esa dosis de adrenalina y emoción, que nos prepara para el salto, pero también puede hacerse pesado y bajonero si solo decidimos conectar con la exigencia y la responsabilidad.

Vínculos, elecciones profesionales, a cada quien le “pesa” algo distinto. O todo junto también. Veamos si te suenan estas respuestas cuando pensas en tu experiencia migratoria:

“En mi casa hay problemas y yo no estoy ahí para ayudarlos”

“Mi hermana está en un momento difícil y yo estoy lejos”

“No me voy para trabajar de lo que estudié, voy a probar otras cosas”

“No me quedo para continuar con el negocio de la familia”

Estas situaciones son reales, son dolorosas y más de una vez se presentan para hacer “tambalear” un poco. Tienen en común algo: un hiperfoco en el «deber ser» (¿a qué y a quiénes responde?) y cuando esto es lo único que miramos, vamos ahogando otras ideas y sensaciones, nuestro “para qué” de migrar.

Desde la culpa, muchas veces tratamos de compensar, de complacer, de ajustarnos a lo que los otros esperan, aunque esa “ya no soy yo”.

Desde la culpa siempre volvemos al auto-reclamo, ¿y si hubiese hecho tal cosa … ?

Una mirada al pasado castigadora y llena de sufrimiento.

Una mirada llena de hipótesis lineales “si me hubiese quedado, hubiese pasado tal cosa”, y en el fondo, sabemos que no hay garantías. No estamos seguras de que realmente las cosas hubiesen ocurrido como lo miramos ahora.

Mirar el todo

Al pensar en la experiencia migratoria, en los pasos por delante, en las renuncias y las elecciones, es importante que tratemos de mirar el todo.

No solo la parte en donde nos vemos únicamente como responsables o exigentes con nosotros mismos. Eso es como ponerse un salvavidas de plomo. Es intentar salvarse, apostar por algo, al mismo tiempo que lo boicoteamos de todas las maneras posibles.

Tenemos que aprender a dejar de hacer tanto zoom a una única emoción o vivencia. Ampliar el abanico. No por evadir, sino por no entrar en «modo autodestruccción».

El malestar, la nostalgia, sufrir por perderse de algo va a estar presente, aceptarlo es parte de tomar la decisión, pero no son las únicas emociones «permitidas».

No responder de una sola forma posible todo lo que implica una experiencia.

Y ahí es cuando empiezan a surgir otras voces, las que llevan de la mano nuestro deseo, nuestros proyectos, nuestras ideas.

“Me voy porque quiero experimentar vivir afuera”

“Estoy buscando la oportunidad de desarrollar mi carrera en otro lado”

“Siempre quise viajar y conocer otras culturas”

Volver a vos – Preguntas de rescate

¿Qué buscas?
¿Qué queres vivir?
¿Qué queres aprender?

¿Esto que estoy sintiendo es mío o responde a expectativas de otros?
¿Qué parte de esta experiencia también me entusiasma y estoy dejando de ver?
¿Qué necesito yo en este momento, más allá de lo que esperan los demás?

Quitale el altavoz a la culpa

Permitite mirar tu experiencia de migrar como algo más que “esa fecha especial donde no vas a estar”.

Existen muchas formas de estar, de acompañar, de ser buena hija, hermana, amiga…

Desde la migración, la idea es que elijas y construyas nuevas formas de estar y acompañar.

Podés encontrar más info y reflexiones en nuestras redes.

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