El duelo migratorio no es un duelo cualquiera ni de menor importancia.
Además, muchas veces se lo subestima. Especialmente en aquellos casos en los que la decisión de irse es proactiva: no hay un desplazamiento forzado, no hay una urgencia evidente.
Y sin embargo, eso no lo hace menos profundo o «caótico» para quien lo vive. Incluso en esa decisión en donde hay más seguridad que dudas, más ganas que miedos, estamos dejando una vida atrás. Es decir, una parte de nosotros.
El duelo migratorio tiene características propias que hacen que la experiencia de migrar sea tan intensa como difícil de nombrar.
Es, ante todo, un duelo múltiple.
No dejamos solo un lugar: dejamos todo lo que ese lugar representa. La familia, los amigos, el trabajo, los espacios conocidos, las rutinas, la cultura, el idioma.
Migrar no es una sola pérdida, son muchas sucediendo al mismo tiempo.
También es un duelo parcial: porque, en muchos casos, existe la posibilidad de volver. Y aunque eso pueda parecer un alivio, muchas veces genera lo contrario:
una sensación de estar “en pausa”, en un limbo. Aparecen dudas, decisiones postergadas, compromisos que cuesta asumir… como si la vida quedara en suspenso “por si volvemos”.
Y aquí vuelvo a destacar: este aspecto cambia por completo cuando migrar no es una elección sino una necesidad.
También se trata de un duelo recurrente.
No ocurre una sola vez y se termina. Vuelve, aparece en lo cotidiano: en una llamada con alguien querido, en escuchar tu idioma en la calle, en cruzarte con algo que te conecta con tu país. Son momentos que movilizan, que conmueven, que te recuerdan que hay una parte tuya que sigue habitando “allá”.
En este espacio te invito a pensar tu historia y experiencia migratoria, a darle lugar a lo que estás viviendo.
Hablemos. Conversemos. No tenés porqué atravesarlo solo, sola.
La doble vida emocional de migrar: acá y allá
Tomar la decisión de migrar implica abrazar una doble vida emocional. Decimos doble por simplificar… por no decir infinitas emociones…
Duelo migratorio: no todo se siente bien
Muchas veces, nos olvidamos de que abandonar nuestra ciudad o país, por elección o por obligación, implica movilizar emociones tan…

