¿Por qué no me «funciona» el amor?

Llegamos al encuentro con el otro con nuestras armaduras, nuestros pre-conceptos, nuestras historias de herida y decepción.

También con creencias que nos limitan a mostrarnos, a ser, a conectar.

Aprendimos tanto del amor que nos olvidamos que lo importante es darse.

Las primeras lecciones las tomamos en las revistas de la adolescencia, en las novelas, de donde nos llevamos la idea del «amor perfecto y para siempre». Un amor que funciona como si fuera magia.

Hoy nos encontramos con la tarea de desaprenderlo. Sabemos que el amor no es lo mismo que «los mitos del amor romántico». Sabemos que quizás no hay novio de toda la vida, ni un matrimonio que se sostenga solo. También exploramos el amor en otros vínculos: sabemos que hay amistades que fallan, que hay padres que no nos aceptan.

Ufff. Pero sabemos tanto… Tenemos todos los manuales y nos refugiamos detrás de ellos.

En toda esta «escuela amorosa», a la que asistimos con tanta puntualidad e interés, nos olvidamos que lo importante es darse. Que los vínculos, cualquiera sea su tipo, no surgen desde el control. Que al amor no necesitamos esperarlo con la mesa puesta, el menú elegido y las velas prendidas: primero necesitamos abrir la puerta y ver «qué pasa». Llegar y ponernos cómodos. Ponernos cómodos que sería un equivalente a colgar en el perchero el prejuicio de que “no me pareció lindo-a de entrada”, “todavía vive con los padres” y cuántas cosas más que “sabemos” (nuestros aprendizajes e historias previas) pero en realidad “no sabemos” acá, ahora, con esta persona de frente.

Una vez que reconocemos nuestras “barreras” al amor, como dice Rumi, tratar de escuchar a la otra persona, conocerla, qué le gusta, qué no, a qué le tiene alergia. Y, al mismo tiempo, animarnos a mostrarnos sin disfraces, con nuestras luces y nuestras sombras. 

Y ahora si, pasamos a la mesa. Podés elegir si vas a comer ese sanguche, aunque se desarme entero, vuela la lechuga por un lado y el tomate por el otro. O si preferis quedarte con hambre, aunque el olor a comida te esté matando. Entre el lugar donde estás y el lugar al que queres llegar, están todas tus prejuicios.  No los vas a desarmar de la noche a la mañana. A veces vas a sentir que estás cortando algo con cubiertos de plástico. Pero al menos, vas a haber elegido ser más protagonista y vas a haber “desafiado” tus ideas.

¡Salud! 🥂

P/D: no soy una gurú del amor. A nivel personal, les habla alguien a quien le toma un par de veces “bajar” las barreras. A nivel profesional, alguien que ve en el consultorio todo lo que cuesta y nos hace sufrir intentar “encajar”, “domar” lo que sentimos. Estoy acá para ayudarnos a pensar.

Algunas preguntas para ayudarte a pensar tus ideas y barreras del amor

  • ¿Qué ideas aprendí sobre el amor y las relaciones? ¿Me siguen representando? ¿Qué expectativas tengo sobre cómo “debería” ser el amor?
  • ¿Qué creencias sobre mí mismo/a están funcionando como un obstáculo para acercarme con autenticidad a un otro en un vínculo?
  • ¿Qué experiencias y aprendizajes influyen en la manera en que me acerco o me alejo de los demás?
  • ¿Qué emociones aparecen en mí cuando alguien comienza a importarme de verdad? ¿Cómo actuó con esas emociones? ¿Qué lugar le doy a la vulnerabilidad en mis relaciones?
  • ¿Qué aprendí en mi familia sobre expresar afecto, plantear mis necesidades y resolver los conflictos?
  • ¿Qué necesito desaprender para relacionarme de un modo más libre y consciente?

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