Cuando hablamos de ansiedad, nos referimos a una preocupación persistente, exagerada y difícil de controlar en relación con el futuro, con sucesos que aún no ocurrieron e incluso tienen baja probabilidad de ocurrencia. La ansiedad funciona como una respuesta a la incertidumbre: queremos tener el control y, por ello, creemos que preocupándonos lograremos evitar que sucedan ciertas cosas o que nuestros temores se conviertan en realidad. Sin embargo, cuanto más intentamos controlar aquello que no depende de nosotros, más espacio suele ocupar la ansiedad en nuestra vida. Así funciona también la ansiedad funcional.

La ansiedad altamente funcional tiene una doble cara; por un lado, la eficiencia y la productividad. Por el otro, se paga un precio muy alto en términos de salud mental.
¿Qué es la ansiedad altamente funcional y cuándo buscar ayuda?
La ansiedad funcional es como la calma que antecede al huracán. Es decir, es aquella en la que parece que todo va bien, pero con el tiempo evidencia el precario equilibrio que la sostenía.
Tras una fachada de eficiencia, perfeccionismo y productividad, se esconde el deterioro progresivo de la salud. Además, es más difícil aceptarla y trabajarla en comparación con otras formas de este trastorno, ya que ser funcional tiene su halo de «encanto».
Ansiedad funcional: vamos por parte …
La ansiedad altamente funcional no cuenta con un diagnóstico reconocido en los manuales habituales, aunque su figura se emplea para referir a aquellas personas que resultan eficientes, sobre todo en el ámbito laboral y de las responsabilidades, pero a un costo muy alto de nervios y preocupaciones en otras áreas.
Por lo general, quienes la viven son catalogados como trabajadores meticulosos, prolijos y cumplidores. Incluso esto funciona como refuerzo positivo, que contribuye a que la persona se mantenga en esa conducta.
Estas personas son capaces de trabajar infinidad de horas para sostener ese estatus. Incluso, acaban invirtiendo el tiempo de descanso y de ocio.
Ahora bien, “poder” con todo implica que hay un desgaste de fondo, aunque quizás al principio cueste reconocerlo.
Entonces, ¿funcional para quién? Está claro que no para sí mismo, ya que con el tiempo esto se verá reflejado en la salud y en las demás áreas de la vida personal. De hecho, esta condición empieza a afectar los resultados y el rendimiento.
Desde una perspectiva psicológica, el problema no es sentir ansiedad, sino que muchas decisiones comienzan a estar guiadas por la necesidad de evitar ciertas emociones, como el malestar, la incertidumbre o el miedo a cometer errores. Incluso, si se inicia un trabajo terapéutico, una de las preguntas a recorrer tiene que ver con el para qué de esa conducta: al servicio de qué está. ¿De ser reconocido/a como eficiente y capaz, de ser validado/a? ¿Evitar sentirme inseguro? ¿Para qué orientarme hacia el control de todo? ¿A qué le temo si suelto ese control? Estas podrían ser algunas de las preguntas que nos allanen el camino para encontrar mayor flexibilidad al momento de actuar.
Síntoma de la ansiedad funcional
Las manifestaciones clínicas de este tipo de ansiedad funcional pueden variar en cada persona. No siempre se presentan todos los síntomas de manera simultánea. Sin embargo, una vez que se detectan, es conveniente atenderlos. Los más frecuentes son los siguientes:
- La persona manifiesta sentirse acelerada de manera constante.
- También tiene un ruido mental que no puede apagar. No puede desconectarse ni «parar su cabeza».
- Puede aparecer algún comportamiento ansioso como mover las piernas o morderse las uñas. En algunos casos, presentan alergias o somatizaciones.
- Tienen la agenda repleta de actividades y compromisos, y ningún plan suele estar vinculado al descanso.
- El cuerpo está en “modo alerta” de manera constante. Por eso, luego resulta difícil desconectar y permanece en un estado de tensión permanente.
- Todo lo anterior deriva en que la persona rinde, pero también se muestra cansada y estresada. Sin embargo, es incapaz de frenar.
- Suele experimentar la sensación de que siempre debería estar haciendo algo útil o productivo, incluso durante los momentos de descanso.
¿Cuáles señales no deberíamos ignorar?
El cuerpo avisa, aunque a veces no lo escuchemos.
- Insomnio o dificultades para dormir. En los casos en los que se logra conciliar el sueño, se siente liviano, ya que el ruido mental continúa. Es como estar durmiendo pero repasando lo que hay que resolver en simultáneo.
- Sensación de no poder apagar la mente.
- Agotamiento.
- Irritabilidad y cambios de humor.
- Dificultad para disfrutar lo que antes generaba placer y bienestar.
- Sensación de estar desconectado de las propias necesidades, deseos o prioridades personales.
Ventajas y desventajas de la ansiedad altamente funcional
Las ventajas de la ansiedad altamente funcional son más bien «pseudoventajas». Si bien al principio consideramos positivos los atributos de organización, el cumplimiento de metas y el compromiso laboral, por otro lado sabemos que implica bastante desgaste. Es decir, se trata de aprender a identificar en qué casos una herramienta está funcionando y en qué casos nos afecta.
Una de las mayores desventajas es que este tipo de ansiedad se ve reforzada de manera permanente por el entorno. A la gente le parece magnífico el modo en que trabaja y se maneja esta persona ansiosa, por lo que siempre recibe elogios y felicitaciones. De esta manera, es difícil reconocer su matiz tóxico.
En este mismo sentido, surge otra desventaja: es difícil reconocerla. Esto se debe a que vivimos en una sociedad que premia la productividad, cueste lo que cueste. La persona que la sufre rara vez se quejará de su malestar. Una de las razones es que si se muestra contrariada, se derrumba esa imagen de éxito que sostiene.
Además, muchas veces la productividad termina funcionando como una estrategia para evitar emociones incómodas. El problema es que aquello que inicialmente parece ayudar termina generando más agotamiento y desconexión personal.
Ansiedad funcional: una falsa amiga
Como observamos, la ansiedad funcional es un arma de doble filo, ya que en un comienzo «seduce» porque se reciben elogios y se proyecta una imagen de éxito. Sin embargo, mientras más pasa el tiempo, sostener esa fachada se vuelve muy exigente. Esto se convierte en un problema tanto a nivel individual como en otros ámbitos, en especial en las relaciones.
Todo extremo resulta negativo. Ser comodines y satisfacer todas las demandas implica un costo muy alto. Por ello, hay que reflexionar sobre el rol que desempeña la sociedad en el sostenimiento de este tipo de malestar. Hoy en día, el estilo de vida lo normaliza y lo sostiene con una imagen de eficiencia.
Quizás deberíamos empezar a cuestionar y desterrar aquellos estereotipos que construimos, avalamos y promovemos, pero que comprometen la salud física y mental de las personas.
Porque una vida valiosa no se mide únicamente por lo que producimos, sino también por nuestra capacidad para estar presentes, cuidar nuestro bienestar y actuar en coherencia con aquello que realmente importa.
Por supuesto, también es importante realizar un trabajo individual, en donde poder identificar y reconocer qué es lo que resulta valioso en nuestras vidas y si basarnos en el control y la anticipación nos acerca o nos aleja de ello.








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